La Bañeza recuerda a Abel Ramos con un homenaje que emociona al mundo del motociclismo

El Gran Premio dedica uno de sus momentos más especiales al que fuera vicepresidente del Moto Club Bañezano, fallecido el pasado verano durante las labores de apoyo en los incendios forestales. El recuerdo se extendió también a Jaime Aparicio, compañero en aquella tragedia.

El Gran Premio de Velocidad Ciudad de La Bañeza aún no ha comenzado la competición sobre el asfalto, pero ya ha dejado uno de los momentos más emotivos de esta edición. La organización y el Moto Club Bañezano rindieron homenaje este viernes a Abel Ramos Falagán, quien durante años desempeñó el cargo de vicepresidente de la entidad y fue una de las personas más implicadas en la preparación de la prueba.

Familiares, amigos, pilotos, voluntarios y numerosos aficionados participaron en un acto cargado de emoción, en el que el recuerdo sustituyó durante unos minutos al ruido de los motores.

Un homenaje escrito por cientos de personas

El corazón del homenaje estuvo formado por una motocicleta y un coche pertenecientes a Abel, símbolos de una vida estrechamente ligada al motor.

La organización quiso que el recuerdo fuera también participativo. Por ello, el vehículo quedó abierto para que cualquier persona pudiera dejar una firma o unas palabras. Poco a poco, la carrocería se fue llenando de mensajes de cariño, agradecimiento y recuerdos escritos por quienes compartieron con él su pasión por las motos o simplemente quisieron rendirle un último homenaje.

Cada dedicatoria convirtió el coche en un recuerdo colectivo de una persona muy querida dentro y fuera del circuito.

Un recuerdo compartido

Aunque el homenaje estuvo dedicado a Abel Ramos, muchos de los presentes tuvieron también un pensamiento para Jaime Aparicio, fallecido días después de resultar gravemente herido en el mismo incendio forestal en el que ambos colaboraban de forma voluntaria.

Sus nombres permanecen unidos en la memoria de La Bañeza y de toda la comarca, donde su compromiso con la protección del entorno dejó una profunda huella.

Mucho más que un organizador

Quienes conocen el Gran Premio saben que el trabajo no empieza cuando se apaga el semáforo ni termina con la bandera a cuadros. Durante meses, decenas de personas trabajan para que la prueba salga adelante, y Abel era una de esas figuras imprescindibles que siempre estaban donde hacía falta.

Su implicación con el Moto Club Bañezano y con el Gran Premio hizo que este reconocimiento trascendiera el ámbito deportivo para convertirse en un homenaje de toda una ciudad.

El largo aplauso con el que concluyó el acto dejó una imagen difícil de olvidar. Antes de que el circuito urbano vuelva a llenarse de velocidad, La Bañeza quiso detenerse unos minutos para recordar que las personas que dejan huella nunca desaparecen del todo.

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