Hace mucho años, incluso antes de los 90, siempre se decían cosas similares del equipo de balonmano de la ciudad de León.
Eran tiempos donde el Ademar jugaba los domingos por la mañana en León y la garra era su cualidad fundamental.
Tuvo que llegar, entonces, un Alcalde, Juan Morano Masa, para poner a Juan Arias al mando de un equipo, con la figura indespensable del Hermano Tomás y el fichaje de Manolo Cadenas para construir algo inaudito. El cuadro que vestía de azul se había endeudado al máximo y sin la aparición de estos protagonistas se hubiera precipitado a la desaparición.
No vivimos la misma situación en estos momentos, pero sí tiene cierto parecido. Luis Puertas entrena a un equipo que tiene menos dinero para fichar que el pasado año. Los jugadores, casi todos, son de León, y la directiva (gran decisión) no está dispuesto a hipotecar el presente y futuro del club.
El autobus Alsa del equipo salió a las 7:30 de la mañana rumbo a tierras de Don Quijote de La Mancha. Un modesto hotel, comer, descansar y al pabellón.
No arrancó bien el choque. Problemas en la zaga.. Escasa ayuda de la portería y el nuevo Ciudad Real disparado en el marcador.
Los problemas no cesaban. Se echaba de menos a Eduardo, a Iker Romero, a los Entrerríos o al inolvidable Corral. El Ademar caía 15 a 10 ante un Ciudad Real que tampoco era el de Talant, pero que va de menos a más, todo lo contrario que León y su balonmano. Se llegó ir incluso diez abajo, pero los nuestros no se rindieron.
Luis Puertas y sus críos lo pueden dar todo, pero ya no compiten ni económica, ni mediaticamente con otras provincias que desean con toda su alma tener un equipo de balonmano en la máxima categoría del balonmano.
El Ademar apenas respiraba al descanso en el Quijote Arena. Solo, sin políticos, no como hace años que se apuntaban a cualquier viaje, el Ademar era la imagen de Tom Hanks en El Naufrago.
El segundo tiempo fue más de lo mismo, pero solo al principio. Los manchegos mantenían las distancias y el Ademar intentaba encontrar un resquicio por donde entrar en la lucha. (28-24, 12 m. para el final).
La fe mueve montañas y los leoneses empujaban y empujaban. La orilla, cada vez más cerca. (33-30, 3 m). Otro esfuerzo (34-31). Se acababa el tiempo y la derrota era un hecho. Sin embargo, un dato muy positivo. El ADN ademarista sigue existiendo. Pronto llegarán victorias.

